La Eucaristía

“Si quieres salvar mil almas, hazte Sacerdote. Si quieres salvar 10,000 almas, conviértete en un Sacerdote que sepa español”. Escuché estas palabras durante una homilía en mi primer año de seminario en 2019. Estas palabras aumentaron mi deseo de aprender español. Buscando cumplir este deseo, otro seminarista de Baltimore, John Anderson, y yo recibimos permiso para participar en un programa de inmersión en español por 7 semanas en Antigua, Guatemala durante el verano de 2022 (este verano).

Mientras estoy escribiendo este blog, acabo de terminar el viaje de inmersión: ¡qué experiencia tan increíble! En el transcurso de 7 semanas, recibí 135 horas de instrucción de clase uno a uno (4 horas por día), algo que ayudó mucho a mis habilidades y confianza para hablar español. Ahora, puedo decir que este programa de inmersión ha sido uno de los mejores regalos de Dios que he recibido por varias razones: lingüísticamente, espiritualmente, culturalmente y más.

Sin duda, progresar mucho en mi habilidad para hablar español fue una oportunidad increíble. Sin embargo, algo más me impactó aún más, algo que supera el lenguaje por completo. En Antigua, la Solemnidad del Corpus Christi, la fiesta en la que la Iglesia celebra la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía, es una celebración magnífica. Este año, el Corpus Christi ocurrió el domingo 19 de junio, pero en Antigua, ¡se celebra durante unas 3 a 4 semanas! Y no es una celebración ordinaria: los fuegos artificiales se lanzan a cualquier hora del día o de la noche, ¡incluso a las 3 a. m.! Además, hay varias procesiones eucarísticas de varias horas en la ciudad acompañadas de numerosos fuegos artificiales y grandes bandas de música. Tuve el privilegio de asistir a la procesión más grande de todas (que está en el centro de la ciudad), y cuando la Eucaristía salió de la iglesia y entró a la calle, ¡fueron fuegos artificiales durante 4 minutos seguidos! El ruido era ensordecedor, pero era un testimonio increíble de la fe católica de la gente. La gente de Antigua conoce una verdad fundamental: ¡que Jesús está verdaderamente presente con ellos, presente con ellos en la Eucaristía! Ésta es la razón por la que celebran el Corpus Christi de la forma en que lo hacen. Saben que el Rey del Universo está en medio de ellos. Estando en esa procesión, yo pensé: “Wow, el Rey realmente está aquí, y Su pueblo se regocija porque Él está presente”. Este fue el momento más impactante durante mi tiempo en Guatemala.

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Pero alguien podría decir: “¿Cómo se relaciona esto con aprender español?” ¿Está mal que esto haya sido la parte más impactante de mi experiencia de inmersión? No lo creo, y por esta razón: Jesucristo es el núcleo mismo de nuestra fe Católica, y dado que la Sagrada Eucaristía es Jesucristo mismo, deberíamos decir que la Sagrada Eucaristía está en el centro mismo de nuestra fe Católica. Ser Cristiano y seguir a Jesús implica estar cerca del Señor Eucarístico. ¡Él quiere que todo Su pueblo esté cerca de Él en la Eucaristía! Sin embargo, para mí, ésta es una verdad que necesito recordar constantemente, y sé que no soy el único. El Señor profundiza y nos recuerda esta verdad de varias maneras, y para mí, presenciar las extravagantes celebraciones del Corpus Christi en Antigua sirvió para profundizar mi conciencia de la Presencia Eucarística de Jesús. Esta conciencia de la Presencia del Señor sirve como base para la vida del discípulo Cristiano, especialmente para la vida de los Sacerdotes y seminaristas. Incluso si estuviéramos equipados con la capacidad de hablar una multitud de idiomas, nuestras vidas serían estériles sin un encuentro personal con el Señor Eucarístico. Sin embargo, por otro lado, vivir desde un lugar de encuentro profundo con el Señor Eucarístico permitirá que cualquier don, como la capacidad de hablar español y otros innumerables dones, florezca para la gloria de Dios y la salvación del mundo entero.

Alex está en segundo grado de teología en el Seminario Santa María del Monte en Emmitsburg. La parroquia de origen de Alex es la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción en Baltimore. ¡Oremos por Alex!

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